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MIL GRACIAS (Poema)
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Mil gracias a la tierra, que me abre su siembra para que hunda mis raíces. Gracias al fuego que proyecta mi sombra libre en el hogar, para que dance con otras mientras mi melodía suena. Gracias mil al agua tibia, que permite que llueva y llora con la tristeza de mis lágrimas para que no estén solas. Gracias al sueño que nos desvela mil misterios y descorre las cortinas de nuestros corazones. Mil gracias al portal del viento, que dispersa el eco de mis palabras para que puedan decir y llamar a cada uno por su nombre secreto. Agradecido al espejo cristal de tus ojos porque me libra de la nada, porque me veo en ellos y te encuentro en lo profundo del alma.
LA CADENCIA DEL SILENCIO (Poema)
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La cadencia del silencio me mata cuando recuerdo que nada queda. Y me marea la impertinencia del tiempo, que golpea la puerta de los ojos sin alba y los instantes de vela hasta oír la penúltima sentencia, cuando sangran por el complot de las pupilas, de la conciencia, la sospecha de una conjura. Si se tratara de dar sentido a las vidas con una muerte que valiera la pena o con un guiño de estas palabras, por qué sólo desfallecen y se juntan en los labios tan largamente dislocadas y fingiendo caricias discretas, inoportunas, cuando encubren latencias secretas y traviesas. Válgame decir insensateces mutiladas por la urgencia que no espera nunca para tratar de intuir la música secreta de las voces inciertas que ni se pronuncian, que por incompletas son eternas. Es terrible presentir que no puedan llegarte, aunque se griten al aire, aunque no las entiendas. ...
NEURA (Relato)
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Acababa de dejar el coche en el aparcamiento al regreso de su trabajo en la oficina. A las diez y doce minutos de la noche Eufemio tomó el ascensor que lo llevaría a la planta décima en que vivía. Restregó bien los zapatos en el felpudo para no dejar ninguna marca en la tarima. Abrió con su llave como lo hacía siempre, manipulando el llavero con sumo cuidado de no rozar la puerta para no dejar marcas. Entró en el piso y, tras de saludar y cotejar con su cronómetro de pulsera los distintos relojes de la casa a la vista, metió el calzado en su armarito y se presentó en la habitación. Se desvistió y plegó con sumo cuidado la ropa, recogiendo con mimo la chaqueta en el perchero, y se atavió con un chándal cómodo para andar por casa. Por último, repasó en una ojeada general las superficies del suelo y de los muebles, comprobando su estado satisfactorio. Su mujer Alba abandonó la sala en la que veía un programa de variedades en la t...
RELATOS CORTOS II
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EN EL METRO Se colocó su sombrero con la pluma verde antes de tocar el pulsador del metro recién llegado, pero la puerta no se abrió. Volvió a intentarlo con otro vagón y nada. Iba a llegar tarde sin remedio. Observó en el andén de enfrente a un vejete con abrigo, en pleno verano. Se tambaleaba ebrio al límite del apeadero, a punto de desplomarse sobre las vías. Se dirigió a una pareja de vigilantes de seguridad gritándoles para advertirles del peligro. Parecían no oírla, aun estando a pocos metros, mientras hablaban sin percatarse… -Hoy se ha parado un convoy como en Julio pasado cuando se tiró a la vía aquella vieja del sombrero con la pluma verde. ...
MALA SUERTE (Poema)
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A ratos no puedo olvidar mis penas. Y quisiera que mi vida se limitara apenas a un segundo, para no tener prisa en fingir lo que pudo ser el camino ancho y jamás llegó a un rumbo de vereda. A las trenzas de la niebla quise atar un alba cristalina, pero sin sol se me fue la mano como con la tinta china y salió una noche de tormentas y rayos. Descubrí la isla más hermosa y fui su pregón a los cuatro vientos. Al poco no cabía un alma sola y comprendí con desconcierto que no quería ser descubierta. Robé los sueños y quimeras de tu diario y, al ir a conquistarte, surgió tu fuego, pero prendido en ojos extraños. Abrí la boca para decir fuerte "¡vivo!", la única palabra, y, al salir de mis labios, sólo grité un silencio de muerte.
DESDE EL TIEMPO (Poema)
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Lluvia de recuerdos incapaces y sometidos. Somos el tiempo invertido en llamar a las puertas y el tiempo inadvertido a la espera, hasta resignarse en no hallar una sola voz como respuesta. Reclamo que la muerte me pertenezca y me prevenga de perderme en otros lugares. Y me lleve directo a mis avenidas de siempre, tal vez con pasos acompasados a otros pasos, con pasadizos subterráneos a mundos de cerca, o quizá sobrevolando mares de sangre y desechos. Exijo que el camino y las estancias estén abiertas y limpias de calendarios y de cuentos de cautivos. Persigo que la vida no me abandone en silencio como un despojo más entre otros restos despojados.