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EL DECRETO nº 9 (RELATO-REVISADO)

                   > - Decreto nº 9 del Consejo:        Todas las personas mayores de noventaicinco años deben ser abandonadas en tierra baldía    sin remisión, no devengando en ningún caso derechos en lo tocante a sus haberes, y sin poder testar a favor de sus derechohabientes de ningún modo. Bajo ningún concepto se les proveerá de alimento o líquido para su destierro, ni podrán llevarse objetos o utensilios de los que puedan disponer para su uso en aquellas regiones. <        - ¿A qué viene esta orden cuando cualquiera puede renunciar a su vida con el disgregador? -se preguntó Zinga al leerlo en una de las pantallas de intercomunicación.      Ésta era la última disposición del comité senatorial. Zinga ya había oído rumores al respecto, pero la verdad es que no se esperaba un precepto tan agresivo contra los ancianos ...

A LA DERIVA (Poema-REVISADO)

    A la desesperada…digo…     No consigo arreglar el mundo aunque me esfuerzo en agradarle. Doy de mamar y beber a los peces, pero terminan por ahogarse uno a uno. A la deriva… voy… Amanezco lleno de sol y luz y la noche me hiere con brumas. Sé lo que saben todos al albur de la luna acerca de la vida y la muerte cálida. Pero me obligo aún a preguntarme. A la desesperada… voy… Camino fugitivo de otras miradas que se empeñan en no verme o terminan por acosarme. Me voy muriendo cada día por inventar una utopía de palabras perdidas o soñadas. A la deriva… digo Soy el dios transparente, el demonio intranscendente de la nada. A la deriva desesperada.

A PESAR DE SABERTE LEJOS (Poema- REVISADO)

                             A pesar de saberte lejos                       te invento y te sueño                      como una canción de luna                      sobre tu piel blanca,                      con sabor a nuez moscada                      y a la más exquisita fruta;                      como palabras de s...

OJO Y ECO 3 (REVISADO)

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REFLEXIONES DE UN PROFESIONAL (Relato-revisado)

       Eficacia, experiencia, templanza, virilidad, arrojo y pulso firme, sin miedo. Todo ello se requería para mi labor, pero no eran cualidades exentas de un toque de sensibilidad. Al menos en mi caso.       Meticulosamente procedí a limpiar el material. Desmonté el tornillo con su bola y lo lijé y bruñí para quitarle el óxido acumulado y, de seguido, lo unté en aceite. No quería que, a falta de ese simple descuido, se trabara en el pasador. Hice lo mismo con el aro que sujetaba el cuello al poste y lo rellené con lienzos nuevos para que ajustara a la perfección. Esta precaución resultaba básica a fin de que no hubiera el peligro de holguras y diera al traste con un servicio perfecto. El garrote vil tiene sus misterios y servidumbres.         Prefería disponer personalmente estos elementos y tenerlos en estado de revista. Luego acoplarlos al bastidor de la silla con mimo para que no hubiera fallos. Repasé por s...