INSANIA (Relato-REVISADO)
El guardia de seguridad se acercó a la mirilla de la puerta. La abrió y en la penumbra de la celda distinguió al despojo humano calvo, escuálido y encogido como en posición fetal. Le llamaban Colibrí, porque cualquier día podía echar a volar saliendo por entre los barrotes de la celda 217, dado el escaso peso y la extrema delgadez. -Eh, Colibrí, es la hora de la comida. ¿Vas a salir al comedor o te quedarás aquí recluido como es habitual? - Te he dicho mil veces que no me llames así, que mi nombre es Zartán el mago. ¡Déjame en paz! Sólo pásame por la trampilla alguna botella de agua. - Vale, vale. No te pongas así. Ahí va el agua – abriendo la exigua portezuela inferior le introdujo un botellín de agua. ...