EL MATADERO (Relato-REVISADO)
Era habitual oír los mugidos, balidos y alaridos en general que hacían temblar el aire a cualquier hora del día o incluso de la noche. Durante la madrugada, ocasionalmente, aquellos sonidos podían recordar a lamentos, quejas irrefrenables de gente desesperada. También se repetía el continuo trasiego de camiones y la descarga de los animales que transportaban, una enorme cadena de cintas de carne trotando o pateando en dirección hacia el olvido. Vivía Sulpicio en el primer piso frente al matadero municipal ubicado en el mismo centro de la población. Los olores y moscas, ambos de catadura gigante por sus desmesuradas proporciones, sobrevolaban el recinto al no poderlos contener el cercado de tapias y muretes; y se esparcía como un vaho, elevándose hasta el mismo tejado de las casas aledañas. Desde la sala de su domicilio aquella mañana plagada de nubarrones, que no presagiaban nada bueno, contemplaba el conti...