POSOS (Poema)
¿No sentís el
alma del ciclón,
el llanto gris
de la tormenta,
el lamento
herido del huracán?
Mientras caminas por encima de tumbas
discurre ese
gemido penar del temporal
y escuchas y
pasas cenagales
de aguas sin
mar, yertas.
Y ahora
pregúntate por qué… y solo.
¿Cuántas
palabras hay para definir
la espera y la
desesperación?
¿Y la rabia sin
fin y la ira como hiedra?
¿Quién y dónde
cuenta la desaparición?
¿Y la sinrazón
del sufrimiento?
¿Cuántos colores
existen
para rellenar el aliento
del color negro?
¿Con qué matiz,
con qué voz
captar el miedo y
la perdición?
Mira hacia
afuera porque dentro
no hay sino un
olor a cieno.
Y así quizá
comprendas
qué gama de
sentimientos se extienden
en la paleta del
pintor de lágrimas.
Porque ¿qué queda
de la pena
cuando ya no hay
de qué apenarse?
Si la sensación
de olor a vacío se afirma,
si las alas
oscuras sobrevuelan
todas las frentes
con hastío,
con estigmas de
la vida de la muerte,
¿dónde queda el
candor
de una mano
enlazada a otra mano,
y esa mano a un
corazón?
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