LUZ INFIERNO (Relato- Segunda parte)

 


      Al día siguiente se entrevistó Gu con Yinky, comunicándole lo acordado por los componentes del grupo y concertando una primera aproximación y acople para esa misma noche si fuera posible. Éste a su vez advirtió a los del suyo que no podía continuar con ellos por más tiempo. Puesto que pretendía continuar en la música y ellos apenas ensayaban ni trabajaban las composiciones, necesitaba abrirse a nuevas perspectivas y apoyos de instrumentistas. Por último, les confesó que se uniría a la formación de Gu.

     Sabía que lo acusarían de traidor, como así fue, pero le daba igual. Estaba decidido a llegar hasta el final en su compromiso con el Rock.

     En la sala del pabellón, sobre las diez, ya esperaban al nuevo componente. Aunque el primer saludo fue un tanto frío, unas bebidas y un par de canutos debatiendo acerca de sus preferencias musicales, fueron suficiente para acercar posiciones. Lo cierto es que sus ideas sobre el Rock, su forma de entender la música entre el Hard y el Rock progresivo y también su interés por ciertos grupos de Rock fusión y alternativo cambiaron sus reticencias por un interés creciente. El entusiasmo y la energía que transmitía Yinky les hicieron derivar su perspectiva contraria hacia una admiración creciente.

     Con el fin de asegurarse, le pidieron que les mostrase algo de su arte. Cuando colocó sus platillos, el hi hat, el bombo, la caja y sus toms y empezó a tocar, demostrando que parecía tener tres manos en vez de dos, les desarmó por completo y las felicitaciones fueron unánimes.

     Esa misma noche y la madrugada estuvieron tocando hasta muy tarde tanto temas harto conocidos de Zeppelin, A.C.D.C., ZZ Top, Purple, Boston, como algunos propios. No podían creerlo, pero sonaban escandalosamente bien. La contribución del nuevo aportaba casi un novedoso sonido, otra marcha. Las improvisaciones de Yinky, que parecían naturales incluso en sus propios temas, resultaron providenciales.

     Cuando más entusiasmados estaban alguien aporreó la puerta. Se trataba de un par de vecinos que, para sorpresa de todos, fueron muy comedidos al quejarse de la excesiva intensidad del sonido, pidiéndoles por favor que bajasen el volumen de los altavoces. Tan cortés fue la petición que inmediatamente les hicieron caso.

     Diez minutos después vuelta a lo mismo. Volvían a llamar y eso que habían bajado la potencia bastante. Pero cuál no fue su sorpresa cuando una pareja de cuarentones les pidió entrar para escucharlos porque les entusiasmaba esa música. El remate fue que se habían traído sus propias guitarras, eso sí sólo para mostrárselas: unas auténticas Fender Stratocaster. Cuando ya llevaban escuchadas un par de composiciones, se atrevieron un poco más…

     - ¿Nos dejaríais tocar un tema con vosotros? Ese favor sería la hostia. Os quedaríamos eternamente agradecidos – les dijo el varón que dijo llamarse Próspero.

     Se miraron un tanto sorprendidos, pero acabaron accediendo. Su acompañante se presentó como “Alicia, sin más”.

     -Muy bien, Alicia sin más y ¿qué os apetecería tocar? - les preguntó Gu.

     - ¿Os atreveríais con Stairway to heaven?

          Se miraron desconcertados. Era una de las canciones míticas para el grupo. Y vaya si se atrevieron. Concluyeron el tema dejándolos boquiabiertos.

     -Tíos, tocáis de cine. Si no fuera porque estamos completos en el grupo os invitaríamos a tocar todos los días con nosotros – les confesó Tec a los cuarentones.

     -Bueno, hemos hecho nuestros pinitos en los Perdidos, un grupo que dejó de tocar hace mucho, mucho tiempo –repuso Próspero con melancolía.

     - En fin, no os podemos incluir en los créditos – adujo Yinky – pero sí os podemos convidar a unos porritos si os apetece y no os veis muy carrozones.

     En esto Alicia sacó del bolsillo una bolsita con la mejor “maría” que habían probado ellos en mucho tiempo.

     La noche conectó con la mañana lo mismo que ellos habían conectado con los cuarentones.

                         *************************************

     Muchos ensayos después algo empezó a sonar muy bien. La base rítmica que aportaba Yinky y su compenetración con Bj evolucionaba a un sonido mucho más personal. Y no se trataba sólo de una mera marca del tempo y los cambios melódicos o una impronta más versátil del compás, ni tampoco una consecuencia de la diferente instrumentación. Un algo intangible emanaba de su forma de tocar. De hecho, al tiempo que Yinky ejercía una gran influencia en estas variaciones, Bj se soltaba. De ser una simple referencia armónica pasaba a aportar cadencias y contrastes, improvisaciones más próximas al jazz que le acercaban a su ídolo Pastorius.

     A pesar de transformar algo el sonido y el sentido de la música del grupo en su esencia, el tránsito ocasional a un tipo de Rock fusión era apenas perceptible para los componentes. Insensiblemente, además, se sentían a un tiempo más libres y a gusto en esa suerte de esquemas melódicos menos encasillados.

     La suerte parecía sonreírles, pues al cabo de quince días recibieron una llamada de un relaciones públicas llamado Berto, que se encargaba de determinados eventos musicales. Curiosamente, por demás, comentó que habían sido recomendados por Alicia. Les invitó a efectuar una prueba en el local Antro´s. Allí, tras una primera presentación quedó al parecer gratamente sorprendido. Concertó con ellos de seguido una actuación para después de cinco días si disponían de un repertorio suficiente.

     El día señalado llegaron con mucha antelación al local. Pero no acudió mucha gente. Berto les presentó como los Stock porque dijo ser un nombre más directo e impactante que el propuesto por ellos. Como no querían discutir, sino tocar su música, transigieron. Aun así, no se desanimaron y, concluidos los cuatro primeros temas, los oyentes comenzaron a entrar en ambiente. Tanto fue así que con la primera parte de la actuación lograron una increíble comunión con el público, tan impensada como estimulante. El propio contacto que los llevó allí estaba fascinado por la reacción del público ante un conjunto de neófitos.

     Decidieron darse un descanso para tomar algo fresco. Yinky salió al exterior con intención de fumar un cigarrillo. En ese momento un individuo que vestía una sudadera oscura con choto le hizo una señal para que acudiera. Era una calle lóbrega y quien le llamaba se encontraba envuelto entre tinieblas, ataviado además con una bufanda que le tapaba la cara. Le esperó a Yinky en un chaflán y, cuando éste estuvo a su lado, esgrimió una navaja automática que le puso en el costado, obligándole con gestos intimidantes a que le diera la cartera. Sin mediar palabra y una vez conseguido el dinero, le acuchilló por dos veces en la espalda, perdiéndose de seguido en un sombrío callejón lateral.

     Tuvo suerte aquella noche en el fondo porque no le atravesó ningún órgano importante. Después de una cura en un centro de salud, pudo irse a casa a reposar. Con todo, la actuación concluyó así, sin segunda parte. No obstante, dejó un buen regusto a la audiencia. Unos días después, gracias a un testigo y a la grabación de las imágenes de un banco ante el que pasó el atacante, sito en una avenida con mucha más luz, se supo que el agresor había sido Perc.

     Sólo unos días después fue detenido en casa de su pareja, Amaranta, escondido en su armario. Los miembros del grupo no podían entender el porqué de todo aquello ni cómo se le había ido la cabeza hasta ese punto. Aventuraban la idea de que se hubiera visto acuciado por la envidia, pero aun así se preguntaban cómo había sido capaz con todo lo que habían pasado juntos.

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     El mes siguiente fue un tiempo de continuo ajetreo. Las entrevistas en la prensa local debido a las repercusiones de su actuación y el morbo del ataque les habían puesto en el foco de interés de una multitud aficionada a la música y de quien no lo era tanto. Con todo, eso originó los primeros tratos con representantes de los circuitos de eventos musicales y los iniciales contratos para el semestre venidero.  

     Por otro lado, se multiplicaron los mensajes en el ordenador de Gu procedentes de personas cuya pasión era el Rock y también los de aquellos iluminados interesados en el satanismo como consecuencia de algunas de las letras en sus composiciones. En cuanto a esto último, los componentes del grupo se debatían entre una simpatía acrítica por dichas cuestiones y una propensión más intelectual y comprometida con sus preceptos y tendencias.

     En principio a ellos les había llamado la atención esa temática fundamentalmente como un contenido tópico y trillado en su querencia musical, además de como parte en su evolución melódica y compositiva. Si bien su inclinación por lo demoníaco no era una simple cuestión de imagen y tenía que ver con la devoción por determinados grupos musicales históricos aunque lo utilizasen éstos en cierto modo como promoción. Aun así, Gu no entendía que hubiera tanta gente apasionada por un asunto en parte marginal a la música y que más tenía que ver con inclinaciones propias de sectas marginales o de individuos quizá desequilibrados.

     En cualquier caso, tampoco querían disfrazar sus inquietudes y apetencias por esas cuestiones que les llamaban poderosamente la atención. El más allá, lo metafísico, el espíritu, era algo que no podían obviar y consideraban que su conocimiento acaso pudiera otorgarles una suerte afortunada, acaso con un tinte supersticioso, y un sentido a sus vidas.

     Durante ese mismo período se recrudecieron las polémicas y enfrentamientos contra los poderes políticos y la presión policial ante la cerrazón de los primeros a generar mecanismos y espacios con los que satisfacer las demandas de los jóvenes y de los movimientos sociales. Las continuas protestas se transformaron en concentraciones y manifestaciones de gente indignada, de muchachos insatisfechos cada vez más violentos, que reclamaban un entorno libre y autogestionado en el que llevar a cabo sus iniciativas culturales, deportivas y de ocio, sus asociaciones y centros de reunión.

     De ese enquistamiento se derivaron batallas campales con quema de contenedores, roturas de cristales, carreras y pedradas a los antidisturbios, todo un proceso que fue agravándose insensiblemente. Como era lógico, los componentes de la banda se vieron involucrados en este ambiente que atentaba contra sus inquietudes, atrapados por esa marea comparable a una respuesta de histeria colectiva.

     Hasta tal punto se inmiscuyeron que en una de esas refriegas en las que participaron, sospechando intuitivamente que uno de los manifestantes más exaltados pudiera tratarse de un policía de paisano, Tec le interpeló dirigiéndose a él como “madero de mierda”. Viéndose descubierto, éste le golpeó a él y a Yinky con intención de zafarse y huir. Comoquiera que los dos agredidos ya habían recibido más de un porrazo esa noche, respondieron a su vez propinándole algún que otro puñetazo. Otros policías acudieron en ayuda del primero, que había tenido tiempo de transmitir pidiendo ayuda. El resultado fue que los dos amigos fueron perseguidos durante diez minutos por diferentes calles del centro, pero lograron darles esquinazo.

     Al día siguiente los restos de desperdicios, piedras y de diverso material empleado como barricadas dieron mucho trabajo a los servicios de recogida de basura y a los cristaleros. Las señales de la contienda resultaban evidentes por toda la localidad. La gente, y no digamos los políticos, estaban alarmados. El mismo rebato sintieron los cuatro integrantes del grupo musical cuando en las noticias oyeron que se buscaba a los agresores de varios policías en el curso de los conflictos de la noche anterior y a los radicales que injuriaron y acosaron con amenazas a un grupo de jóvenes políticos de marcha nocturna por increpar a los alborotadores.

     Decidieron recluirse en el local de ensayos. Para ello hicieron acopio de comida, bebida y otros materiales consumibles y fumables. La jornada siguiente la dedicaron a una celebración del grupo y de las groupies que los acompañaban habitualmente. El alcohol y las drogas se consumieron en exceso. La risa floja y sin causa relajaba los temores de ser identificados como participantes en los disturbios.

     -Eh, tíos ¿qué tal si hacemos una auténtica fiesta del capullo? – propuso Tec.

     - ¡Ja, ja! ¿A qué te refieres? No me vengas con mariconadas. – repuso Gu.

     - ¡Venga, joder, todo el mundo en porretas, que hace mucho calor! – se empeñó Tec.

     - Por mi…No me parece mala idea. ¡Que se vean los mástiles, las teclas, maracas y baquetas! ¡Ja, ja! – aceptó Yinky.

     - ¡Venga, Bj, no te cortes!

     Todos comenzaron a desnudarse. Las carcajadas al comprobar las estampas y complexiones respectivas arreciaron. Los cuerpos de alguna de las chicas como Verónica fueron piropeados y admirados con silbidos. Pero cuando se quitó la ropa Bj la sorpresa fue mayúscula. A simple vista se apreciaba que el chico estaba muy dotado. También les causó asombro el detallista tatuaje de un murciélago que le recorría toda la espalda.

     - ¡Joder, tío que guardado te lo tenías! – dijo admirado Tec.

     - ¡Coño, como para no tenerlo escondido! ¡Si lo mostrase de vez en cuando se tropezaría o se la pisaría! – sollozaba de risa Gu.

     - Bueno, chicos, ya vale – cortó Bj.

     - En fin, con mis limitaciones os voy a demostrar lo que vale un peine. ¿Os acordáis de Errol Flynn y sus fiestas con famosos? Pues yo voy a hacer otro tanto – y se puso Tec a repicar su teclado con el pene.

     Ninguno podía contener la risa, y sólo al cabo de cinco minutos lograron dominarse y seguir la fiesta. El límite de su resistencia al licor y los canutos fue con mucho sobrepasado hasta convertirse la velada en una suerte de orgía que únicamente dio término con el agotamiento y el sueño.

                                ************************************

     Por la mañana un regusto amargo y el consecuente dolor de cabeza propio de la resaca prácticamente les impedían moverse. Las chicas ya se habían marchado. Así que optaron por ir a desayunar unos cafés y unas aspirinas en el bar de Sam. Ninguno se acordaba del peligro latente.

     Ya en el bar casi ni eran capaces de decir una palabra. En la televisión del cuartucho que les dejaba el propietario varios personajes debatían los sucesos y confrontaciones recientes.

     -Pero ¿cómo pones ese canal tan facha? – reprochó Gu a Patxo.

     - Hay que conocer las intenciones del enemigo – replicó éste.

     En el programa un presentador, cuya voz se superponía a las imágenes de destrozos y ataques indiscriminados a la policía, relataba los incidentes considerándolos como agresiones de la guerrilla urbana y una labor de zapa contra el status sociopolítico por parte de organizaciones antisistema. En ningún caso daban la palabra a portavoz alguno de la plataforma convocante de la manifestación, a quienes denominaba “insurrectos” como si de una cruzada se tratase, ni tampoco a ningún analista que desgranase las causas y la raíz del descontento popular.  

     - ¿Por qué no ponen la paliza que le dieron los maderos a Vene o a Lisa, que casi los matan? - se quejó Yinky.

     - No, hombre. ¿No te das cuenta de que tenían que pasar por el hospital para llegar a su barrio y lo único que hicieron fue acelerar el proceso? – se burló Gu.

     Seguía el relator televisivo dando el turno a un especialista médico, que relacionaba los altercados con el Rock…

        >- “Por encima de 90 decibelios se producen trastornos físicos en el cuerpo humano, acrecentándose la secreción de glándulas endocrinas como la pituitaria, clave en la regulación de procesos orgánicos vitales. Según la altura tonal y la intensidad se puede jugar con el organismo al generarse contracciones y distensiones de la laringe, afectando, por otro lado, a los niveles de azúcar en sangre. Podría llegar a originar traumatismos en el oído, la columna vertebral, el sistema cardiovascular… Y ¿qué decir de la vista por la exposición al laser?

     ¿Qué pensarían algunos responsables del sistema educativo y de la sanidad pública si conociesen la posibilidad de manipular el cerebro con la música, provocar un cortocircuito en las facultades conscientes al igual que lo hace la droga? ¿Qué dirían muchos padres si llegasen a sospechar que las vibraciones de baja frecuencia, como las creadas por la amplificación de un bajo, repercuten en la secreción de hormonas, desequilibrando las sexuales y suprarrenales, alterando la tasa de insulina e induciendo al descontrol de las inhibiciones morales por debajo del nivel de tolerancia? ...”<

     - ¡Hostia, eso va por nosotros, la gente del Rock! – opinó Tec.

     - Sí, ten por seguro que no harán declaraciones sobre los efectos negativos de la “priva”, sobre los tan legítimos negocios del tabaco, con todo lo que le meten, o de las empresas que provocan el efecto invernadero y el calentamiento climático – corroboró Yinky.

     - Y mucho menos hablarán de todo lo que nos roban los políticos o de los negocios casi consentidos de trata de blancas y del tráfico de drogas, mirando para otro lado, cuando lo hacen extranjeros o multinacionales– insistió Gu.

     - Eso. ¡A ver cuándo coño legalizan las drogas! Por lo menos algunas. Así nos evitaríamos muchas mafias – remarcó Tec.

     - Ahí les duele – comentaron a coro los otros tres.

     Seguidamente el presentador dio la palabra a una persona que se señaló como especialista médico versado en psicología…

       >- “Como demuestran doctores como McRaferty, Bline, Saibel, Woight, Garlock o Allen, músicas reproducidas por encima del umbral permisible de la intensidad o por debajo de una frecuencia admisible contaminan nuestras reacciones emotivas, desencadenando la frustración o la violencia incontrolable. Pueden ocasionar la disminución o pérdida del control, tanto consciente como reflejo, en la capacidad de concentración y la neutralización de la voluntad, haciéndonos permeables a los impulsos subconscientes. Su influencia puede inducir a alteraciones en la memoria, en las funciones cerebrales y la coordinación neuro-muscular, suscitando complicaciones neuro-sensoriales como la histeria, la euforia e incluso las alucinaciones.

     ¿Qué decir de la mezcolanza con las drogas tan habitual en este mundillo? Parece evidente que determinan estados depresivos que van desde la neurosis hasta la psicosis, los estados hipnóticos o catalépticos que robotizan a los jóvenes, las tendencias suicidas y homicidas, los impulsos irrefrenables de autodestrucción, de un involuntario masoquismo..., o también, en sentido inverso, la incitación al descontento, a la destrucción y el vandalismo…” <

     -Tiene cojones – protestó Gu -. Al final será el Rock el causante de las guerras, y los poderes económicos y la industria militar la que irá a remolque.

     Los cuatro amigos pidieron otra ronda en el momento en que se interrumpían las intervenciones de los entrevistados del programa televisivo por un intervalo de publicidad. En ese preciso instante irrumpieron en el bar un hombre afectado por tics nerviosos y cojeando, acompañado de una señora octogenaria y con expresión ausente o alucinada. Ambos eran muy mayores y se apoyaban uno en el otro. Les precedía apresuradamente un varón de mediana edad con un brazo aparentemente lesionado. La comitiva dejó pasmados a los cinco clientes del bar y a los cuatro amigos.

     -Perdone, ha ocurrido un accidente, un atropello. ¿Puedo llamar, por favor, a los servicios de urgencia? – le dijo el más joven a Patxo, el camarero.

     - Por supuesto – repuso éste aproximándole el teléfono del bar.

     De inmediato Patxo salió de la barra para atender al herido.

     - Siéntese aquí, caballero, mientras aguarda a la ambulancia– le ofreció una silla.

     - No, no lo entiende. Se equivoca – le corrigió el señor de setenta y dos años -. Ella es la que ha sido arrollada y no yo.

     Así que el camarero se fijó en la anciana, que se mostraba como alucinada y que sangraba abundantemente por detrás de la oreja derecha, interesándose por su estado físico.

     - ¿Se encuentra bien?

     - No lo sé. ¿Puede decirme dónde estoy? ¿Podrían llamar a mis padres? – les dejó perplejos al responder así ella.

     Tanto Patxo como los demás que lo oyeron se asustaron y dirigieron la vista al caballero que había solicitado hacer la llamada.

     - Le aseguro que no he podido evitar golpear a la señora con el coche. Pero no se preocupen, me han asegurado que enseguida vienen los servicios médicos y la policía – se disculpó el hombre más joven.

     Al poco tiempo Patxo se serenó lo suficiente como para darse cuenta de lo sucedido y hacerse cargo de la situación.

     Todo ello ocurrió en unos cinco minutos. Tras otro lapso similar de tiempo advirtió a los componentes del grupo musical que dejaran de fumar hachís y que airearan el habitáculo que ocupaban, ya que se iba a presentar la policía. También comprendió que la vetusta señora debía padecer algún problema de senilidad o alzhéimer, además de múltiples contusiones, y que el septuagenario únicamente había atendido a la mujer.

     Apenas doce minutos después de presentarse los tres recién aparecidos, unos auxiliares médicos y una pareja de policías se unieron a la concurrencia y atendieron a la anciana, aunque no les fue posible averiguar datos de su identidad, pues no recordaba ni su nombre ni su domicilio.

     Cuando se normalizó la situación convulsa del local y todos los relacionados con el accidente abandonaron el bar, los componentes de la banda roquera, algo más tranquilos, continuaron fumando ante el aparato de televisión, si bien no les resultó fácil centrarse en lo que exponía otro de los disertadores acerca de la música Rock.

     - ¡Hala, quítame esa historia que me pongo malo! – sugirió Yinky.

     - Espera, espera, que ahora seguro que saldrá un cura para rematar la faena – pidió Tec sin poder reprimir la curiosidad.

     Y por cierto que acertó. El locutor presentó al padre Tomás, de una congregación jesuita de la localidad, el cual sin necesidad de pretextos o preguntas comenzó su exhortación.

     >- “Es increíble el desconocimiento de los mecanismos potenciadores que activa cierta música tan enraizada en la cultura de algunos sectores juveniles. No se dan cuenta de que estamos ante una generación impulsada a la inversión de valores, a soportar una abrumadora carga emocional y un relajo de la capacidad de discernimiento, de la voluntad y la conciencia moral, propugnando la evasión a lo irracional. En esta confusión mental y moral encuentran resquicios las desviaciones sexuales, la droga, la rebelión, la falsa religión y la fascinación diabólica, dejando vía libre al odio, la ira, la venganza, la envidia o los comportamientos sexuales degenerados…” <

     - ¡Por los cuernos de Satán! Ahora dirá que el ángel caído tiene la culpa de la podredumbre social de todo lo pasado y lo venidero. ¿Cuándo se van a enterar de que él sólo quiere convertir al hombre en su propio rey, en su auténtico dios? ¿Por qué no critican el intento de eliminación de todo credo que haga sombra a cualquiera de las religiones clásicas, y más aún la cristiana? ¿Cuándo condenará la iglesia oficial el aplastamiento de cualquier desviación de la doctrina oficial, del evangelio ortodoxo, y cuándo va a dejar de acallar cualquier voz que comprometa su sistema jerárquico? – replicó indignado y casi gritando Gu.

     - Ten calma. Al fin y al cabo, ya sabemos de qué va esto. Todo consiste en impedir la coexistencia de otras opciones. Lo básico para ellos es reprimir y vetar la libertad de pensamiento y el máximo desarrollo potencial del individuo. No sea que se les acabe el chollo – opinó Yinky.

     - Vamos, dejadme oír. Ya verás como al final no podrá evitar mostrar sus cuernos – pidió Tec.

      >” …Pobre de nuestra juventud si se deja arrastrar por adultos iniciados que les sumergen en las procelosas aguas de esas falsas filosofías de baratillo, aprovechándose de los desajustes éticos o psicológicos de sus víctimas. Cualquier muchacho en plena búsqueda de su identidad, de su autoafirmación, o con vacíos afectivos es una víctima potencial y un posible siervo futuro de comunidades satánicas vinculadas a un líder todopoderoso. En estos casos la marginalidad, la exclusión social, el vacío espiritual de una sociedad sin valores como los que proporciona el cristianismo provocan la anulación de la persona y el sometimiento a las conductas más reprobables. No conocen teoría alguna del movimiento satanista, sólo usan el nombre para concitar miedo. En casi todos los casos desconocen el satanismo racionalista, intelectual y cultivado, como el caso de Crowley, que no está de acuerdo con los convencionalismos culturales, religiosos o sociales, pero que nunca ha entrado en conflicto con otros grupos sociales o con las religiones tradicionales…” <

     Unas cuantas cervezas después consideraron la oportunidad de volver tambaleándose cada uno a su casa. Nada más salir del bar oyeron una sirena que les sobresaltó. Alguno se puso nervioso pensando si podía ser la policía en su persecución, pero sólo se trataba de una inoportuna ambulancia. Sin embargo, eso les hizo recordar la necesidad de cambiar de aires durante una temporada.

     Tanto la crispación social en la ciudad, con los continuos encontronazos entre la policía y los activos movimientos sociales, sobre todo de jóvenes, como la situación personal del grupo, demasiado envuelta en el consumo de drogas, aconsejaban una vuelta a los orígenes. En caso contrario podrían acabar como los Bad, donde el centro de su actividad se había desplazado de la música al puro consumo y las experiencias con las sustancias alucinógenas.

     -Conozco un sitio que podría servir – indicó Bj.

     Ninguno supo al principio qué contestar. Tan inusual era oír una propuesta de Bj que tardaron bastante en reaccionar.

     -Y ¿cuál es si puede saberse? – replicó Gu.

     - Bueno, mi familia poseía un caserón un tanto desvencijado y apartado en la Sierra de los Perdidos, en una colina con terreno de pastos y huertas cercana al pueblo en que nací, Orbes. Lo tuvieron alquilado durante una década, pero hace tres años, creo, que no lo ocupa nadie.

     Al grupo le pareció fenomenal y acordó secundar la proposición y preparar allí sus nuevos temas. Tendrían que hacer acopio de todo lo necesario para dirigirse al lugar el fin de semana en la vieja furgoneta Volkswagen y otro vehículo de apoyo. Entre lo imprescindible estaban, sin duda, sus instrumentos, amplificadores y aparatos de grabación básicos, pero inicialmente no cayeron en la cuenta de que tendrían que llevar ropa de recambio y las consabidas viandas imprescindibles para subsistir unos días, hasta que Tec comentó que tenía hambre. Lo uno los llevó a lo otro.

     Así pues, esa apetencia del teclista les hizo reparar en lo oportuno de abastecerse de esas necesidades básicas con respecto a los días venideros y que sólo consideraban como un entorpecimiento del ritmo que les marcaba la música. El hecho de que Yinky se apercibiera de lo mal que olían sus amigos los llevó a otra realidad. Aparte de la cerveza, existía el agua para, entre otras cosas, lavarse. 

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