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Mostrando entradas de diciembre, 2025

AL COLE (Relato)

         Tendríamos que salir disparados mi madre y yo o no llegaríamos al toque de sirena de entrada al colegio. El desayuno desapareció en nuestras bocas, así pues, con un pase de manos, mágicamente. Apenas se notaba el bulto en los carrillos. Pero cada día me costaba más animarme y ponerme en camino. Y el ascensor, que no acababa de llegar, se resistía a atender a nuestras llamadas reiteradas. ¡Por fin llegaba!      En el portal saludamos a Andrés, el conserje, quien no tuvo mejor cosa que hacer que apremiarnos, aunque amigablemente, con su “buenos días, si no os dais prisa, llegaréis tarde”. ¡Como si no lo supiéramos!      El día estaba nublado, pero no parecía amenazar tormenta. En todo caso en el trayecto no tardábamos más de quince minutos. No había por qué temer. Enfrente de nuestro bloque ya esperaban al autobús Amaia, la vecina, y sus hijas con el vestido de uniforme de su centro educativo privado. ...

PARADOJAS (Poema)

       Al estudiar nuestro interior convocamos al monstruo del espejo. Al formular la verdad en el tiempo, creamos el error, la farsa, la mentida hipocresía. Cuando entonamos el más maravilloso canto caemos en la agonía del más puro silencio. Al depender del amor, sólo logramos el desafecto y depender del odio y el rencor. Por señalar los pasos en el camino provocamos el extravío en la confusión. Con el imperio de la ley, el orden, la espera, despertamos el caos, conformes con el uso de los ventajistas de las reglas. Al prestigiar tanto la razón insomne, encumbramos el pasmo y el delirio de un universo descabellado, alucinante, pavoroso, próximo al desvarío, pero tan atrayente y fascinante como el latido de un recién nacido.

Y NO ERA EL FIN DEL MUNDO (Poema)

            Y no era el fin del mundo. Se confundieron de nido los pájaros y no emigraron ese duro invierno. Algunos se perdieron volando en el camino. Las galaxias separaban con desafecto sus estrellas fatuas y soberbias en desafío o entrechocaban sus filos destellos. Y no era el fin del mundo. La corriente del agua se dividía en gotas cada vez más pequeñas o equivocaba un rumbo sin orillas. Sus arroyos y torrenteras incluso se negaban a salir del venero. Y no era el fin del mundo. El viento se paró indeciso, ciego, sin saber su derrotero, desconociendo su destino, o se posaba en los cables eléctricos como un cuervo ominoso al acecho. Y no era el fin del mundo. Amaneces aquí, junto a nosotros, como si pertenecieras a los otros. Y eres como yo, aire, humo. Diles a las horas feroces como rapaces que no eres nadie para que no te devoren. Rescata al menos aquellos instantes en que los ojos s...

RUMORES Y ESPEJOS DE BARAKALDO 31

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