LUZ INFIERNO (Relato- Tercera parte)
El trayecto final al poblado de Orbes
transitaba entre altibajos por cumbres poco elevadas de una sierra muy
quebrada, obligando a continuas subidas y bajadas que desembocaban en estrechos
valles sembrados de cereal, maíz, patata y viñedos.
Faltaba un corto
itinerario para llegar cuando se desencadenó una repentina y aparatosa tormenta
con granizo que les obligó a parar en el arcén de un camino de sarmientos
abandonados. En cuestión de segundos se nubló tanto el día que la noche pareció
querer adelantarse tres horas.
A cien metros se
vislumbraba una pequeña borda que les serviría de refugio, pero en la corta
carrera hasta ella los cuatro amigos y las tres acompañantes que habitualmente
les seguían se calaron hasta los huesos. Al quedarse fríos por el remojón, se
les ocurrió utilizar el reducido hogar, dispuesto en una esquina y construido
con unas planchas metálicas a modo de tiro de chimenea, para hacer un fuego.
Una pila de leña dejada al fondo de la cabaña y los papeles de los envoltorios
de comida les proporcionarían lo imprescindible para iniciarlo.
Un solo problema les separaba del calor, se
habían dejado la referida papelería y los mecheros en los vehículos.
Voluntariamente Bj tomó la iniciativa de recogerlos con una rápida galopada y
en escasos diez minutos una hoguera reconfortaba sus cuerpos semidesnudos.
Parte de las maderas y unas ramas les sirvieron de trípode sobre el que
extender las ropas húmedas. Acurrucados junto a las llamas en ropa interior,
aprovecharon para merendar unos emparedados preparados por Verónica y que había
tenido la prevención de traer del coche.
Desde el momento
que la lumbre cobró fuerza un arco de luz les separó del oscuro umbral y de las
sombras exteriores. Al mismo tiempo, comenzaron a oírse unos desconocidos
ruidos como de arrastramiento y gañidos quejumbrosos, si bien en un principio
no los notaron o no les quisieron hacer caso. Terminado el refrigerio, el
chaparrón remitió un tanto. Así pudieron asomarse a la puerta y contemplar a
unos doscientos metros una parcela de terreno próxima a un arroyo y una vieja
alquería destartalada.
-Espero que no
venga el propietario escopeta en ristre y nos dé un susto de muerte. Ya sabéis
cómo se las gastan estos aldeanos – les previno Gu.
- Vamos, no seáis
carcas. Veréis como en el peor de los casos se enternece con nuestra situación
y por pura hospitalidad nos acoge en su casona. Puede que incluso nos dé algo
de cenar – les intentó reconfortar Irma, pareja de Yinky.
- A mí sí que me
pones tierno con ese exiguo conjunto que llevas puesto – observó Tec, fijándose
en las curvas al descubierto de la chica.
- ¡Eh, eh, no te
pases, colega! – le advirtió Yinky.
- ¡Hombre, era
una apreciación objetiva! Deberías estar orgulloso de poder disfrutar de esa
vista habitualmente. Y, además, no trataba de ofender, sino de ser galante. Que
sepan estas damas que aún existen caballeros en el mundo del Rock – replicó
Tec.
Todos se rieron
con la salida. Cuando más relajados estaban, los crujidos y sonidos de algo así
como un fuelle que resoplaba, de una respiración que semejaba resollar con
ansia se hizo más fuerte.
- ¡¿Qué hostias
es eso?! – acertó a preguntar Sara, la acompañante de Tec.
La intranquilidad
y el azoramiento se adueñaron de todos ellos. Las resonancias y chirridos
aumentaron convirtiéndose en un gemido que comenzó a asustarles. El murmullo y
el susurro de una extraña voz, que parecía lamentarse y nadie distinguía su
procedencia, alcanzó la tonalidad de un silbido, luego pareció una especie de
ronquido que les alarmó hasta el extremo de pensar que alguna presencia extraña
se había colado con ellos en la cabaña.
- ¡Joder! Mira
que si al final tenemos con nosotros a un fantasma – les confesó como
bromeando, aunque espantado, Gu.
- Tú sí que eres
un fantasmón – repuso Verónica, intentando templar los ánimos con una sonrisa.
En ese preciso
momento, un sonido de roce y de aleteo se hizo tan evidente que a punto
estuvieron todos de salir disparados de la choza. Un segundo después, el vuelo
de una blanca lechuza que acababa de salir del hueco de la chimenea les pasó
rozando las cabezas, saliendo al exterior y perdiéndose en la lejanía.
Tras un minuto de
duda y angustia sin poder tragar ni la saliva, todos lanzaron sus mejores
carcajadas descargando la tensión y sintiéndose aliviados. Sólo Gu se atrevió a
decir…
-Ya lo sabía.
Al oírlo todos
consiguieron distender sus nervios con nuevas risas, tranquilizándose así definitivamente.
Escampó mientras
retomaban el trayecto hasta la villa de Orbes, reapareciendo un sol bajo
próximo al crepúsculo en el preciso momento en que los motores de sus coches escandalizaban
el tranquilo y apático devenir de sus habitantes. El insensible discurrir de
las tardes en aquellos hogares, que podría adormecer a la misma costumbre, se
vio turbado por aquellos seres perversos, desemejantes y probablemente
inhumanos con extraños barnices como escamas sobre sus brazos y portando vestimentas
y colgantes extraterrestres. O al menos tal fue la sensación que tuvieron tanto
los paisanos como los recién llegados al apearse en la plaza junto a la fuente
y la minúscula iglesia a tenor del recibimiento.
La presunta
curiosidad de los vecinos se trocó en una indiferencia voluntaria y manifiesta.
Nadie respondía a sus saludos. Los cuatro vecinos presentes en ese momento
junto a la taberna y los tres hombres mayores, que presumiblemente volvían de
sus labores en el campo, parecían reconcentrados en sí mismos. Las miradas
esquivas inspeccionaban una esquina del campanario o resolvían mentalmente una ecuación
irresoluble. Sólo un par de ancianas centraron su interés en ellos, aunque
mirando de soslayo.
A ellas se
dirigieron para preguntar por el caserón de la familia de Bj. Una señora con la
típica bata de aldeana, pañuelo en la cabeza y gran colección de arrugas
repartidas por su rostro y brazos, les indicó con una mano sarmentosa, pero sin
decir palabra alguna, un sendero que remontaba la loma al oeste con rumbo al
bosque inmediato.
El sol rojizo y
redondo proporcionaba una extraña apariencia a los rostros reflexivos vueltos a
su interior. Todo iba adquiriendo ese tinte cobrizo que incendiaba camino,
rastrojos y árboles. Oscurecía y el ascenso hacia la casona, pasando por
delante de una minúscula ermita, se impregnó definitivamente de matices
cárdenos y umbríos que semejaban el tránsito a un próximo infierno. El cuadro
se completó al plantarse ante el tejado de pizarra y los muros del edificio. El
conjunto formaba un decorado asombroso y producía la impresión final de una
casa encendida.
El suave perfil
de la ladera y los rastrojos eran el contrapunto a la piedra sin labrar, a las
aristas y paredes desconchadas. Una edificación destartalada de dos plantas y
una buhardilla con los huecos de cinco ventillas parcheadas en la parte de
arriba, tres más grandes en la de abajo tapiadas y un gran portón les aguardaban.
Un ojo circular en el desván vigilaba a los extraños. A varios metros de
distancia la cuadra y la leñera con sus cancelas y umbrales carcomidos y
sombríos remataban un panorama desolador.
Para sorpresa de
todos, la vieja llave en manos de Bj giró y abrió a la perfección como si les
esperase hace tiempo. A la luz de las linternas una estancia amplia con sábanas
amarillentas cubriendo los muebles apilados en semicírculo les recibió como la
boca desdentada de un anciano hambriento. Siendo ya de noche, hicieron un
pequeño fuego en el hogar y, cansados, se aprestaron a descansar allí mismo envueltos
en sus sacos de dormir. Al día siguiente tendrían tiempo de descubrir nuevamente
los ventanales, los enseres y otras muchas cosas, y disponer la vivienda para
acogerlos en condiciones.
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Amaneció un deslumbrante
sol anunciado por un molesto gallo, que, si hubiera estado a mano de Tec, no
hubiera sobrevivido mucho tiempo. Poco a poco todos fueron despertando y
asumiendo que lo que les rodeaba no era un mal sueño.
El polvo
acumulado, las puertas desencajadas, los cristales rotos, la escasez de ropa de
cama, salvo unas sábanas ajadas y unas mantas raídas, les dejaron anonadados y
terminaron preguntándose cómo se habían metido en tal embrollo. De inmediato,
las miradas enfocaron a Bj como si él fuera el único culpable de esa situación
y nada tuviera que ver su propia dejadez y comodidad.
- ¿Qué
esperabais, un hotel de cinco estrellas? Ya os dije que llevaría al menos tres
años deshabitada. Así que poneos las pilas y arremangaos para limpiar lo
imprescindible y dejar esto lo bastante confortable o preparaos para sacar la
pasta suficiente como para pagar un hotel y un local de ensayo – les recriminó
Bj.
Las bocas
abiertas y la perplejidad se adueñaron de los rostros. La imagen de desamparo y
delicadeza de su amigo se derrumbó en ese mismo instante como el muro de
Berlín. El ingenuo bajista lleno de intuición e idealismo resurgía cual Ave Fénix
reclamando un sitial hegemónico, ya caída la careta de la timidez. Todos los
demás, amilanados, se pusieron a trabajar frenéticamente para acondicionar las
estancias, para reclamar al funcionariado público del pueblo y a la empresa
eléctrica la puesta en funcionamiento de las acometidas de agua y luz, y para
programar y distribuir un calendario de tareas relativas a su música y a la
propia casa. En los días sucesivos Tec y Bj acusarían una agudización de su
personalidad y una compenetración que dejarían pasmados al resto, conformando
una pareja de intérpretes de Rock con gran talento, creatividad, innovación e
ingenio casi visionarios, maravillando a los demás.
En medio de las
labores de limpieza descubrieron una cámara usada como biblioteca con una
inmensa profusión de textos, algunos de ellos muy antiguos, que Bj recorrió
extasiado con la mirada. En otra habitación hallaron gran cantidad de ropajes. Por
lo extraño de los mismos, pudieron haber servido de atrezo para alguna
producción cinematográfica. Entre otras vestimentas toparon con negros hábitos
talares como los de los monjes, que tornaron pensativo el rostro de Bj al
contemplarlos.
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En el fuego del
hogar de la planta baja calentaron leche y café para desayunar. Ya disponían de
agua, pero no de electricidad. Por fortuna los enseres de cocina se encontraban
en buen estado y había leña de sobra. Por otro lado, disponían de un pequeño
generador para sus actuaciones en la calle.
Llevaban sólo un
par de días de continuos ensayos y los víveres prácticamente se les habían
agotado. Gu, Yinky y las tres chicas se acercaron a la única taberna del pueblo
a fin de preguntar dónde se podrían abastecer de provisiones. Apenas tres
parroquianos muy veteranos se encontraban reunidos en una mesa apartada en un
rincón jugando al dominó, pero ninguno de ellos levantó la cabeza de sus fichas
interesándose por ellos. Ni siquiera el tabernero en principio pareció muy
dispuesto a saludarles. Hosco y como a regañadientes, les preguntó qué querían.
- ¿Qué desean?
- Buenos días. ¿Qué
tal? Primero, un saludo si no hay inconveniente y después dos cervezas, tres
cocacolas y un poco de información… si es tan amable – le recriminó Sara, la
compañera de Tec.
- Ahora mismo se
las pongo. Y perdone, pero no soy amable, soy Jaime, el camarero.
La respuesta les
dejó boquiabiertos sin saber si reír y tomárselo como una gracia o salir
disparados, entendiéndolo como una desconsideración. Entonces un señor con
gorra de la mesa de la esquina se levantó, diciéndoles…
- Disculpen a
Jaime y perdonen nuestra descortesía y desconfianza con los foráneos, pero no
estamos acostumbrados a los visitantes, exceptuando los familiares de los
vecinos actuales. Soy Pedro, el propietario, y nos ha pillado de sorpresa su
venida. La mayoría de los habitantes están en el campo a estas horas. Es raro
verlos por aquí. ¿Cómo han llegado a este pueblo perdido de la sierra? ¿Qué
son, periodistas que vienen por lo del joven asesinado hace unos años?
- Pues no. En
realidad, no sabemos a qué se refiere. Hemos aparecido por aquí porque nuestro
amigo, que ahora no está presente, es familiar de los antiguos propietarios de la
casona junto a la ermita. Por cierto, somos Verónica, Irma, Sara y Yinky –
contestó señalando a cada uno de los miembros del grupo -. Y mi nombre es Gu.
- ¡Ah, vaya, o
sea que un pariente de los Caballero! Pensábamos que no quedaba nadie de su
linaje o que se habían extraviado por esos mundos de Dios. Salúdenlo de mi
parte, díganle que el más mayor de los Castillejo le manda recuerdos. Tal vez
se acuerde de mi hijo, Pepe, que se marchó al extranjero. Ya sólo quedamos
cuatro viejos de los de siempre.
- Cualquiera
sabe. También debe hacer mucho que no viene por aquí. De todas formas… ¿nos
podría informar de la tienda de comestibles más cercana? – solicitó Sara.
- Oh, no. Por
aquí pasan varias furgonetas a la semana con pan, fruta, pescado, carne y otros
alimentos. Pero eso suele ser los martes y los viernes. Tened en cuenta que la
mayoría se surten de los propios productos del lugar. Hoy la única posibilidad
es que se lleguen al supermercado que hay a poco más de diez kilómetros, a la
salida de Villa Almena.
Acabadas las
bebidas, se pusieron en camino en su furgoneta. Mientras tanto, Bj seguía
descubriendo objetos curiosos en el desván, como varios tableros con signos cabalísticos
(un pentagrama y un hexagrama labrados, una cruz satánica, otra cruz invertida,
la estrella y la luna creciente, un pentagrama roto), una mesa con forma de
mujer desnuda cara arriba, cuyas patas eran las propias piernas y brazos de la
imagen, y varios platos y copones de plata que se diría podían pertenecer a
alguna iglesia. De vuelta a la biblioteca, se puso a ojear algunos libros junto
a Tec…
- Eh, mira Tec,
aquí hay alguna de las obras más importantes de Aleister Crowley y de Anton
Szandor La Vey, libros de esoterismo, de satanismo, ensayos sobre las
religiones primitivas, sobre el individualismo en Nietzsche. ¡Joder, los
anteriores inquilinos o alguno de mis antepasados estaban bien ilustrados en
estos asuntos!
- Sí, para mí que
esta choza ha sido refugio o centro de alguna secta o algo así. Fíjate qué
títulos, La Biblia de Satanás, El libro de Nod, la crónica de Caín, ¡hostia, El
Necronomicón de El Hazzared!, El Canto de la Madre Tierra de Alejandro
Guijarro, Rituales satánicos de La Vey, La doctrina de la otra fe, La Historia
del satanismo y la brujería de Jules Michelet…
- Chico, leer
esto a la luz de la vela hasta que nos repongan la corriente va a ser la hostia.
Al cabo de una
hora, Tec se encontraba reconcentrado en un texto y Bj ensayaba en el porche con
su bajo uno de los temas del grupo, esperando la vuelta de los demás. Luego, para
hacer tiempo decidió éste acercarse a la ermita que distaba poco del caserón.
Era una construcción sencilla en la que sobresalía una campana en su espadaña
que parecía intacta. Su interior acogía unos bancos corridos y un
confesionario. Al fondo un minúsculo altar remataba el ábside junto a una
estancia para el cura y sus hábitos. En esa zona eran evidentes las señales de abrasamiento
producidas por un pequeño incendio. Pero en el extremo izquierdo de la nave
destacaba un pequeño y viejo órgano labrado y cubierto de polvo, si bien daba
la impresión de no estar muy deteriorado. Tendría que comentarle a Tec el
hallazgo. En el sagrario se conservaban impensadamente algunas obleas, un cáliz
y una patena quizá de plata.
Tras la
inspección del interior salió y retomó el camino de vuelta. A mitad del sendero
se cruzó con dos viejas desdentadas y una niña de unos diez años que llevaba de
una correa a un obstinado macho cabrío. Las tres reían abiertamente hasta que,
al pasar ante él, cesaron las risas, bajaron la mirada con temor y apresuraron
el paso. Cuando ya lo habían sobrepasado unos diez metros, la cría dio la media
vuelta aproximándose y le dijo…
-Tocas muy bien.
Yo también podría enseñarte otra música preciosa.
Y después de
decir eso, se levantó la falda de su vestido enseñándole su sexo impúber.
Tan estupefacto
se quedó Bj que no fue capaz de reaccionar, ni tan siquiera pudo decir una sola
palabra. Con una larga carcajada ella se reunió de nuevo con las señoras.
Habiendo
regresado todos, durante la noche elaboraron una cena ligera con embutidos y
distintos alimentos enlatados. Luego
tomaron café o infusiones y se prepararon unas copas de crema de whisky. En
tanto fumaban unos porros de hachis, Bj ojeó un ensayo en páginas sueltas y sin
referencia de autor sobre la paradoja satánica de erigir una nueva teología y
una religión diametralmente opuesta a la cristiana ortodoxa, que se basaba en
la trinidad simétrica a la católica, pero como un negativo fotográfico: La
Bestia, El Anticristo y El Falso Profeta.
Tirados en el
suelo mientras quemaban sándalo y unos canutos de maría, le preguntaron a Bj
entre sonrisas qué era eso que tanto le fascinaba cuando prácticamente no leía
nada que ellos supieran. Con el entrecejo marcado por el enfado respondió…
- Reíd, reíd,
pero tengo mi propio acervo cultural. No os podéis imaginar las lecturas que
hay almacenadas en esta biblioteca. Por cierto, que alguno de los viejos
roqueros también hacía temas relacionados con la magia negra, desde el
“Norvegian Wood” de Los Beatles y “Sympathy for the Devil” o “To their Satanic Majesties”
de los Rollings, pasando por Black Sabbat, Iron Maiden, Kiss, Alice
Cooper…hasta Megadeth. En la literatura también desde antiguo, en autores como
Goethe, Lord Byron, Rimbaud y Baudelaire, la fascinación por el mal y la
práctica del culto satánico estaban a la orden del día. Todos los escritores
que se dedican al asunto hablan de que en las religiones naturales y primitivas
los ritos y sortilegios que intentaban atraer entes o espíritus malignos
estaban extendidos por todo el mundo, que incluso el culto a la Madre Tierra es
anterior a los demás. Toda esa sabiduría, adoraciones y rituales son tan
arcaicos como la prehistoria.
- Venga, chico,
no te mosquees. Que únicamente nos extraña tu repentino interés por todo eso –
le comentó Gu.
- Siempre me ha
interesado y he leído acerca de estos temas. Sólo que vosotros demostrabais
poca atención o ninguna por lo que a mí me seducía y jamás me habéis
preguntado.
Se hizo un
incómodo silencio que fue interrumpido por Tec.
- ¡Venga, dejaros
de chorradas y malos rollos! Lo cierto es que el saber relacionado con todo
esto es muy atrayente y muy desconocido por la mayoría. Entre todos los libros
de esta biblioteca, el que tengo en las manos habla de que son varios los autores
que relacionan al humano primitivo con la egolatría que deifica el ego, con una
fuerza cósmica de la cual el hombre es dueño y esclavo, y, por otro lado, con
la Madre Natura, símbolo de la fertilidad y la maternidad. En las culturas
antiguas recibe nombres como…Tiamat en Sumeria, Isthar en Caldea, Astarté en Siria,
Áditi, Sakti o Parvati en India, Gea, Hera, Afrodita, Demeter o Artemisa en
Grecia, Anann o Dana en la mitología celta, Mari o Amalur en la vasca;
Coatlicue y Chimalma en la mejicana, Pachamama entre los quechuas o aimaras, y
parece ser el origen de María o las advocaciones de las Vírgenes Negras del
cristianismo, según leo en el texto.
- Yo no voy a
daros una conferencia – insistió Bj -, pero me gustaría que os dierais cuenta
del engaño de nuestra educación y cultura católica que viene como anillo al
dedo a nuestro sistema político- social. Es hora de entender esta ética de la
igualación y de la norma moral como un método que atenaza cualquier fórmula de
rebelión contra el dogma cristiano y que impide cuestionar nuestra sociedad
clasista y esa jerarquía piramidal. Se ampara en la resignación y el rechazo a
todo intento revolucionario, sobre todo si necesita de mecanismos violentos o
agresivos. La cúpula eclesiástica impide la protesta y la iniciativa en contra
del régimen establecido y del estatus social con la promesa de una compensación
en la otra vida.
- Por mi parte –
continuó Tec – dejadme ya sólo leeros un párrafo de este libro que recopila
ideas de Crowley, La Vey y otros…
>” …Sí, ya
basta de esta metafísica y liturgia satánica que no es más que una postura
folklórica. Hablemos de la realidad oscura. Si Dios quiere unirnos a la cruz
como expiación del pecado con el objetivo de sanarnos y volvernos al redil, al
rebaño, Satán nos prefiere libres, individuales.
El Anticristo es
la visión prometeica del hombre. Sin las cadenas de la iglesia cristiana el ser
humano se convierte en el dios mismo, en una estrella que ha de encontrar la
voluntad propia. Cada individuo tiene que desear y gozar de todo lo que nos
ofrecen los sentidos y el éxtasis. Nuestras emociones y sentimientos más
egoístas deben ser sublimados. Tenemos que olvidar la compasión y exigirnos
desarrollar al máximo nuestra potencialidad. No basta con el ansia. Toda
iniciación y estímulo, todo nuestro impulso debe encaminarse a la idea de un
ente similar al superhombre que perseguía Nietzsche, el hombre ideal, el que se
deja llevar por sus pasiones, instintos y sentimientos, pero que a su vez se
domina a sí mismo.
La negación de
dios implica la realización del hombre aquí y ahora. Satanás representa la
indulgencia frente a la abstinencia, la existencia vital frente a los inútiles
sueños espirituales y creaciones imaginarias. Es la inmaculada sabiduría en
lugar de una ilusa hipocresía. Es la imagen de la venganza en lugar de poner la
otra mejilla. Satanás representa la amabilidad para quien le sirve, en lugar de
una presunta identidad de amor; es la semblanza del hombre en cuanto es un
animal, quizá más dotado y sin duda más vicioso que otras bestias, pero no
mejor. Satanás es la responsabilidad para el responsable, engloba a todos los
así llamados pecados en cuanto persiguen el alivio y la gratificación física,
mental y emocional. En un sentido antitético, Satán ha sido el mejor amigo que
la iglesia jamás haya tenido allí donde se ha mantenido en el negocio todos
estos años. El satanismo implica que cada individuo es el mejor, el único, el
perfecto en algún sentido, en alguna capacidad. Es esa virtualidad la que se
trata de buscar y encontrar. La religión, las religiones de naturaleza
espiritual no son otra cosa que un invento del hombre en aras de una moralidad
esclava y gregaria, una proyección al infinito del deseo frustrado, una imagen
y una solución compensatoria a nuestras limitaciones. ¡Rompamos con ese molde!...
”<
Tec los miró a
los ojos tras la lectura en espera de una respuesta o un comentario. Sólo Gu
mudó la confusión en los gestos, rompiendo la muda incertidumbre…
-Bueno, no niego
que me fascina en cierto modo ese componente espiritual contra la sumisión
cristiana y que ensalza el individualismo, pero joder estamos aquí por algo.
Así que creo que es hora de dejar de lado el rapto intelectual y dedicarnos a
lo nuestro que es la música. Hace tiempo escribí la letra de una canción que
quiero proponeros y que además tiene que ver con estos asuntos. Cuando tengamos
electricidad os daré una idea aproximada de los acordes, el estribillo y los
coros. Dice algo así…
> (Intro)
Escucho cómo llora el
espejo
al niño perdido que
calla y que huye.
El viejo recita su himno
en la cumbre.
Hace mucho que sabe
que construye rutas
en el agua que no van
a ninguna parte.
Algo incierto se
arrastra al filo de las sombras.
Avanza un ser sin
nombre con recelo, hundido
en un fango con forma
de miedo.
(Verso 1)
Un fulgor negro,
entre la niebla,
marca el sendero.
Melódica luciérnaga,
vestida flor de noche
de invierno,
ilumina y entona a
coro las voces
antiguas, el son del
grillo y la lechuza,
la música muda,
inscrita en el lodo.
(Coro)
Marchamos con rabia, ciegos
por el polvo,
tropezamos tullidos,
llegamos eternos a la nada.
(Estribillo)
Salve, Satán. Salve,
Lucifer.
Ángel de luz, en este
desierto sin sol,
callado, dame de
beber.
Salve, Satán, el crisol
puro.
Sobre el lamento del
dios olvidado
decid sí al señor
oscuro.
(Verso 2)
Ante ti, Belcebú, yo
acuso al dios trino.
Busco sin aliento la
tierra que lleva
ante ti, Lucifer,
señor sin destino.
Señalo al intruso,
llaga del ayer
con las manos lavadas
en sangre y viento.
(Coro)
Ante ti, con hambre
de elevadas simas,
clamamos con vivas el
alzamiento
de los muertos.
(Estribillo)
Salve, Satán. Salve,
Lucifer…
(Solo)
(Verso 3)
Decid sí al desvarío
del sexo y al odio
que espera, al amado
caos impío.
Que muera dios, para
que El viva, sí.
Encuéntralo, anclado
a la brisa,
vístelo de piel de
macho cabrío.
Duérmase el falso párpado
sin voz.
Y Míranos Tú,
Lucifer,
con tu ojo de pasión,
contémplame,
dame el ser, la
energía, el barro del yo,
moldéame con sudor y
hiel.
(Coro)
A tus pies, sobre
todos, tu poder en mí.
Mi vida, mi nombre
sólo te lo debo a ti.
(Estribillo)
Salve, Satán. Salve,
Lucifer…
Marchamos con rabia,
ciegos por el polvo,
Tropezamos tullidos,
llegamos eternos a la nada.
Mas con tu sino y tu
guía soñamos ser parte del todo. <
Acabada la
lectura, nadie se atrevía a hablar. Así que Gu retomó la palabra.
- ¿Y qué? ¿Qué os
parece?
- Bueno, como
himno satánico no está mal. Muy a propósito del asunto del que hablamos. Pero
la verdad es que es un tanto tópico. No te cabrees, pero incurre en demasiados
lugares comunes – observó Yinky.
- No hay
problema. Me parece bien que por lo menos opines, y con sinceridad. Aun así, es
sólo un borrador, una idea sobre la que empezar a trabajar, si es que no la
desecháis de entrada. Y tal vez cuando la escuchéis con la música os parezca
que se puede probar a hacer algo partiendo de ella.
En ese momento
alguien hizo sonar el picaporte de la entrada. Sara se acercó a abrir, ya que
nadie se inmutó ante la incertidumbre. En el quicio de la puerta se topó a una
joven de una edad semejante a la suya, pelirroja y pecosa, que guitarra y
mochila en ristre les saludaba con una sonrisa.
-Hola, ¿qué tal?
Me llamo Alberta, estoy de paso y buscaba un sitio donde pasar la noche.
Sara se volvió
buscando con la mirada algún gesto de decisión de Bj, al ser la casa de su
familia. Dado que todos ponían cara de circunstancias sin resolver nada en un
sentido o en otro, se apartó del umbral con un ademán de amigable invitación.
-Esto…no quiero
molestar. Si podéis encontrarme un hueco bien. Pero, aunque no pueda ser, tengo
algo que contaros, que deberíais saber.
Finalmente, Bj
tomó la iniciativa.
--Pasa, pasa. Si
quieres tomar un café estás a tiempo. Seguro que aún está caliente – con una
actitud de acogimiento le indicó que entrara.
-Gracias – repuso
ella mientras se sentaba en un colchón tirado en el suelo y en tanto le
ofrecían azúcar.
- Y ¿qué es eso
que teníamos que saber? – se interesó Gu.
- Veréis. Cuando
llegué al pueblo preguntando por un hospedaje, una señora muy mayor me
respondió con otro interrogante. Me preguntó si formaba parte de vuestro grupo.
Luego de contestarle que no, me encaminó en esta dirección remontando la
colina. Me dijo que quizá pudierais vosotros alojarme. De seguido, se despidió
con un “pero ten cuidado “, que me dejó algo inquieta. No obstante, antes de
venir aquí pasé por la taberna para tomar una cerveza. Allí también me
interrogaron acerca de si era “uno de los raros del cerro”, según sus propias
palabras. Al interesarme sobre el porqué os llamaban así, me respondieron con
evasivas, pero creo que comentaban algo sobre que se profanaba el silencio con
músicas estridentes y que suponían que se convocaba a los espíritus de los
infiernos. Pero mientras estaba todavía allí, comenzó a llenarse el local con
gente muy excitada y cabreada. Repetían insistentemente que tenían que hacer
algo y dar una lección a los visitantes, como se la habían dado a los anteriores.
Al parecer, por lo que pude entender, no encuentran a una chiquilla del lugar a
la que llaman niña Aldonza, y me da la sensación que os atribuyen su
desaparición. Os prevengo que algunas voces os tildaban de brujos y clamaban
venganza.
- Pero ¿qué
diablos le pasa a esta gente? Primero nos miran con desconfianza y a poco más
ni nos dirigen la palabra. Y ahora es posible que nos acusen de hechicería. ¡Lo
que faltaba! – se quejó Tec.
- Pues sólo una
persona que parecía tener algo que ver con el bar y algo más de cabeza les
llamaba al orden y les pedía que se calmasen – insistió Alberta.
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