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Mostrando entradas de noviembre, 2025

LUZ INFIERNO (Relato- Quinta parte, final)

       El calor sofocaba los impulsos y la actividad de los miembros del grupo en lo alto de la cuesta y resecaba incluso los sesos que pretendían concentrarse en nuevas melodías. La tensión soportada las últimas veinticuatro horas se había relajado tanto que los había llevado al extremo contrario. La atonía y el despego se adueñaron de su ánimo. Sólo las tareas cotidianas de subsistencia parecían tener cabida.      Reunidos en el porche exterior una vez que comieron, volvió a suscitarse la controversia sobre el cariz que habían tomado los acontecimientos y las consiguientes perspectivas de actuación futura.      -No comprendo con qué fin te ha dejado esa arca con plantas tan propias de las brujas como si fueras su discípulo – preguntó Irma a Bj.      - Supongo que lo ha puesto en mis manos por ser descendiente de los antiguos propietarios, pero creo que su intención era que dispusiéramos todos de esto...

RECUERDO (Poema)

    Recuerdo la miel por tus ojos. Pero no recuerdo qué miraban. Añoro el juego, los juegos contigo, mi fiel jilguero rojo. Pero tú eras el juguete deseado, yo el jugador lejano y ausente. Un río recorre tu risa y la sed del trino de tu voz es la corriente que aprisa pasa como un olvido, y que acaricia la tez del puente, herido por tu brisa, desde el que te miro. Te veo a través del visillo del tiempo discurrir como un arroyo del ayer cristalino y limpio. Y me pregunto como un amante sin odio por la espera cómo beber de tus aguas frescas, ya tan distante, cómo decir del sabor a gozo escondido, estando tan silente, cómo sentir, cómo recibir un amor que era mío y ya no me pertenece.       

TIERRA MARGINAL (Poema)

       Tierra marginal, tierra desterrada y estéril. Ojos que contienen toda la alegría, toda la tristeza de este mundo en un solo bulo, una sola ironía. Perfil de un niño que atesora toda la ilusión, toda la quimera y que rompe las normas de las niñeras y derriba los muros de la cordura. Brazos que albergan como una casa a los moradores y huelen a fruta madura, que destilan esa felicidad sin culpa, pese a la amargura vana de las voces. Palabras que más que un sonido son vórtices, túneles al desván del cielo, al trastero de un camino que, con su melodía, induce a la locura del sendero al laberinto y que no engañan con atajos ni pasos atrás. Así se ven las cosas cuando no se aprende a mirar, sino a soñar desde siempre.    

RUMORES Y ESPEJOS DE BARAKALDO 30

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